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Aunque no me lo puedas decir

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Aunque no me lo puedas decir  sé que me quieres a veces. Sé que mis sentidos nunca se sacian de ti,  y que no se diferenciar entre los días  ordinarios de la semana y los extraordinarios, porque tú siempre le sumas  ese extra a mi vida. Qué no se escribir tío, ya ni sé,  sólo me quito la puta barrera, y disfruto de la trama,  ya que me duele la sonrisa de reír  de todas las veces que has dicho que  lo nuestro no tiene final. Y si todo se va a la mierda que le den, porque tú me has hecho pasar noches más valiosas  que la puta cenicienta con su calabaza o  que el jodido Aladín con su lámpara mágica.  Quiero dejar de escuchar en mi cabeza  que mereces la pena, porque si no lo hago,  voy a acabar haciendo tantas locuras  que vas a creer que lo mío no tiene solución. Que eso de jugar a besar  con los ojos cerrados pasa factura, y la mía es que me he quedado pillado de ti. Que mis dedos han ...

Repitió el eco

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"Haré que olvides de una vez el mundo entero  hasta que quedes atrapado en mi puto paraíso de amaneceres" repitió el eco.  Y él al escucharlo se engañaba a sí mismo estremeciéndose,  imaginando que esas palabras  salían de la boca de otra persona,  soñando que su susurro destronaba el desastre que había en él, que la voz que sonaba era real.  Un escalofrió recorrió cada una de las partes de su cuerpo, sin caer en que era él  quién había dicho aquellas palabras,  y que el eco lo único que hizo fue eso,  repetirlo. Fotografía Cueva Boca del Asno, por Alex Noaz.

No pienso dedicárselo a nadie

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No quiero dedicarle mis 20 años a nadie, a ningún gilipollas que luego me defraude, a un sólo momento de lágrimas en mi habitación. Porque ¿sabes que?  Anoche desperté solo,  solo de ti y conmigo,  y sinceramente no creo que jamás  tengas ni idea de lo bonito que fue. Que aunque todas las señales apuntaban a que mentías,  te creí. Aunque todos esos muros gritaban que todo saldría mal, aposté por ti. Y ¿sabes que?  Me niego a ser la presa de ningún depredador. Sólo esperaba de ti una dulce mentira,  que no me destrozara,  que no hiciera temblar mi mundo. ¿Acaso sabes lo cagado que me tenía tu sonrisa? Y si no lo entiende nadie me da igual, tal vez solo esperaba una voz  que me susurrara  cuando todo estuviese  roto y perdido que sin dudar repetiría, que al menos mereció la pena. Que todo no es casualidad, que aunque sea medio gato,  las siete vidas también se acaban. Ya no se si estoy olvidando lo perdido,...

Despegando del cielo

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Dicen que a todo el mundo  le corresponde un milagro, pero  ¿Qué pasa si yo ya he perdido el mío?  ¿Qué pasa si ya ni rastreando tu mirada la encuentro?  No se que hacer con tu recuerdo,  si lo atropello o te espero,  si tatúo corazones flechados  en las esquinas de mi papel. Despegado del cielo y caído del suelo  así es como me imagino,  y sinceramente no se cuanto  duraré volando en tu mano  sin echarme a perder.  Al menos se algo,  que nada tiene sentido sin mí, que todo tiene sentido contigo. Fotografía César Mena (Integral Photography).

Ahora que tu desastre

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Ahora que tu desastre se ha hecho mi rutina, que las ruinas de tus ojos claros son lo único que me sacian, ahora que has abierto brecha en mi, destruyendo mi escudo y mis murallas como nadie lo había hecho antes. Ahora que me has hecho renacer, que has desecho mi cama de todas las maneras posibles, que has hecho que me estalle contra el papel porque ni con acordes sé hablar de ti. Ahora, sólo quédate. Fotografía de Adrián Pascual.

Hasta la osa mayor ha decidido irse

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Soy un adicto a la adrenalina  porque ya ni tus besos me sacian.  Soy adicto a viajar, a saltar puentes,  a vivir la vida como si mañana fuese a morir. Haría lo que fuera con tal de no desvelarme una noche más, con tal de no sentarme con las piernas cruzadas a los pies de mi cama  con tal de no pensar una y otra vez en el desastre que tengo encima. Con eso es más que suficiente.  Que meta más estúpida pensaras,  pero si crees eso es porque no sabes  lo que es sobrevivir aquí,  donde las paredes te encierran  hasta asfixiarte,  donde el vértigo saca a la luz tus mayores miedos, donde hasta la osa mayor  ha decidido irse  porque dice que no aguanta más,  que está cansada de salvar perdidos  que acaban en precipicios,  donde las brújulas dan vueltas en círculos  y las señales de humo no llegan al cielo.  Leí hace poco que las cosas  siempre vuelven al lugar de donde son,...

Perdido.

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Perdido.  Solo es una palabra,  un conjunto de letras enmarcadas  que carecen de significado en solitario.  Muchos dicen que la clave está en volver a tus raíces,  pero ¿por dónde se supone que debemos empezar?  ¿Por nuestro recuerdo más feliz? ¿Por el más triste?  ¿Por nuestra forma de afrontar el dolor?  El miedo a no morir no es nada comparado con el miedo a vivir.  Una simple frase que taladraba mis oídos una y otra vez.  Al final todo fue como si mis alas tatuadas cobrasen vida,  como si todos mis demonios me persiguieran a la vez,  como si mis ojos se tiñieran rojos por la rabia  y mis colmillos solo tuviesen sed de sangre.  Igual todo se limitaba a un perdón imposible,  a un equilibrio inexistente,  a una luz inalcanzable en medio del caos  a la que te aferras con todas tus fuerzas. Fotografía Alex Noaz, por Lucía Cabezón.