Perdido.

Perdido. 
Solo es una palabra, 
un conjunto de letras enmarcadas 
que carecen de significado en solitario. 

Muchos dicen que la clave está en volver a tus raíces, 
pero ¿por dónde se supone que debemos empezar? 
¿Por nuestro recuerdo más feliz? ¿Por el más triste? 
¿Por nuestra forma de afrontar el dolor? 

El miedo a no morir no es nada comparado con el miedo a vivir. 
Una simple frase que taladraba mis oídos una y otra vez. 
Al final todo fue como si mis alas tatuadas cobrasen vida, 
como si todos mis demonios me persiguieran a la vez, 
como si mis ojos se tiñieran rojos por la rabia 
y mis colmillos solo tuviesen sed de sangre. 

Igual todo se limitaba a un perdón imposible, 
a un equilibrio inexistente, 
a una luz inalcanzable en medio del caos 
a la que te aferras con todas tus fuerzas.


Fotografía Alex Noaz, por Lucía Cabezón.


Comentarios