Pienso respirar tanto cuando muera…

Nos he fallado.
Prometí tantas cosas que he roto;
tantas lunas nuevas que se han quedado en eclipses perdidos.
Prometí que jamás amaría nada,
porque sólo aquello que amas tiene el poder de destruirte.
Y puede que en esto me haya ayudado mi fiel orgullo,
porque  no me permite morir a manos de alguien que no sea yo mismo,
pero hasta mi puto orgullo a veces falla.
Únicamente fui aquél chaval que cogió su arco
y apunto con todas sus flechas a tus demonios,
que abrió su escudo y te metió dentro para que te refugiases,
para que cogieses aire y volvieses.
Pero tú no fuiste capaz ni tan siquiera de despedirte.
Y yo, que sólo trataba de que me enseñases tus raíces
para que pudiera plantarte a mi lado,
me quedé con las venas cortadas,
y eso que ya ni sangraban
porque la falta de aire
me había dejado la sangre coagulada.

No dejo de recordarnos cada noche,
tan desnudos y a la vez con tantos muros,
tan vestidos y a la vez tan unidos.
Sólo espero que si alguna vez lees esto,
recuerdes que algún día fui tu hogar,
que ni tras esta vida te olvidaría,
que los tiempos y el espacio son sólo para quién los necesita,
y que yo, pienso respirar tanto cuando muera…

Fotografía de las Dunas de la Playa de Gandía, por Alex Noaz.

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