El lobo sólo busca enamorarse siendo presa

Volvió a salir de viaje y sin destino 
aquél chaval que coleccionaba discos 
de vinilos de sus artistas favoritos, 
ese al que le encantaban las llamadas de teléfono infinitas, 
las quedadas bajo aquel árbol centenario 
en las noches de luna llena, 
las lámparas de sal 
y los libros de amor incondicional 
cuando hacía frío ahí fuera. 

Aquél que se clavó las espinas 
porque no soportaba la belleza de su flor, 
el que trató de ser mejor que sus miedos, 
de sonreír a los secretos que más daño le habían hecho 
y echaba carreras a sus lágrimas para que jamás llegasen a caer. 

Puede que al fin al cabo si sintiera, 
si pensara, si quisiera y si amara. 
Tal vez no fuese tan independiente.
Tal vez... el lobo sólo busca enamorarse siendo presa.


Fotografía Sierra de Córdoba, por Alex Noaz.

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