Ahí estaba yo

Ahí estaba yo, 
que sólo quería entrar en su piel para ser uno de ellos, 
que me deleitaría con su savia como si fuese un vampiro, 
atravesando con mis colmillos afilados su corteza, 
que afinaría mis instrumentos con el sonido 
que sus hojas secas producen al caer, 
y que me enamoraría perdídamente de él y su soledad maldita, 
de las formas que crean sus fuertes ramas en las noches de luna llena 
y del origen de sus místicos ancestros celtas
para convertirme en su boticario, 
en su guardián y protector, 
en su loco ciervo suicida.


Fotografía Zorita de los Canes (Castilla - La Mancha), por Alex Noaz.

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