Se sentía libre como el espíritu del viento
Se sentía libre como el espíritu del viento,
y cicatrizando
heridas con el agua del mar,
caía su piel rota dejando al descubierto la otra,
y se impregnaba de ese despreocupado toque salado
a la vez que cálido en su
pelo,
blandía el estandarte de lo no seguro,
de lo que no se puede calcular ni
controlar,
y aún así chocaba los cinco,
y corría tras las bandadas de gaviotas
que picoteaban en la orilla de aquél océano
de probabilidades imposibles y
posibles improbabilidades.
Con ese pacto dejaba atrás los lugares especiales,
porque son las personas y no los sitios los que están embrujados.
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