No era más que un chico de ojos oscuros

No era más que un chico de ojos oscuros 
que se ahogaba en las calles de la gran ciudad 
y tomaba aire en sus callejones, 
un chico que tocaba instrumentos antiguos 
entre ruinas carcomidas por el placer carnal, 
que buscaba auras lúcidas entre tonos grises y azulados, 
y que encendía velas blancas para poder dormir. 

Puede que sus labios supiesen a miel, 
y que su tacto fuese más puro que las alas de Eros, 
pero la coraza de su corazón es aún más fuerte 
que su propio deseo por suicidarse.

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