Me quedé ahí mirándome atónito
Me quedé ahí mirándome atónito
como si no creyera lo que
estaba pasando,
como si al cerrar los ojos y volverlos a abrir nada de esto
hubiera ocurrido.
Se enamoró de mis flores pero no de mis raíces
y en otoño
no supe que hacer,
no encontré donde esconderme.
Y corrí tanto como pude, tratando de escapar de todo aquello
repitiéndome a mí mismo la frase que un día
me susurro al oído:
"quiero que seas tan feliz que no sepas si vives o
sueñas",
pero mientras la repetía una y otra vez tropecé
con una pequeña
piedra que había en el camino,
entonces comprendí que él no existía,
que todo
este tiempo había sido yo
el único que me había puesto límites,
el que se había
roto las alas tratando de derribar algo
sobre lo que podía haber pasado
volando.
Entonces le dije adiós,
y desde ese día no volví a saber nada de él
si
no de mí.
Comentarios
Publicar un comentario
Escribe lo que sientas, sintiendo lo que escribes...